Enfoque Constitucional y Legal
- Principio de separación de poderes
En un sistema democrático, el Congreso tiene la facultad de controlar políticamente al Ejecutivo.
La vacancia presidencial no es un mecanismo de izquierda o derecha, sino un instrumento constitucional para garantizar que el Presidente cumpla con los estándares de probidad y respeto al orden jurídico.
- Causal de vacancia por incapacidad moral permanente
La Constitución peruana (artículo 113) establece que el Presidente puede ser vacado por “incapacidad moral permanente”.
Este concepto, aunque abierto, se interpreta como una conducta incompatible con la dignidad del cargo, que afecta la confianza pública y la legitimidad institucional.
No se trata de gustos personales (como la comida china peruana), sino de inconductas vinculadas a corrupción, tráfico de influencias o favorecimiento indebido.
- Transparencia y ética pública
La Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública y la Ley de Código de Ética de la Función Pública obligan a los funcionarios a actuar con honestidad, imparcialidad y respeto al interés general.
Cualquier relación opaca con actores extranjeros (como empresas chinas) que genere sospechas de beneficio indebido vulnera estos principios.
Por tanto, la vacancia se fundamenta en la defensa de la ética pública, no en una agenda ideológica.
- Lucha contra la corrupción como mandato constitucional
El artículo 39 de la Constitución señala que los funcionarios están al servicio de la Nación, no de intereses particulares.
La corrupción es considerada una amenaza directa contra el Estado de derecho y la democracia.
En consecuencia, la sanción política (vacancia) es un mecanismo de protección institucional frente a actos que comprometen la integridad del cargo.
- Neutralidad ideológica del control político
El control parlamentario no depende de si el gobierno es de izquierda o derecha.
Lo que se evalúa es la conducta del gobernante frente a los principios constitucionales.
Presentar la vacancia como un tema de transparencia y ética evita que se reduzca a una narrativa de confrontación ideológica.
En síntesis
La vacancia presidencial en este caso no debe interpretarse como un intento de la izquierda de “tumbar” al gobierno de Jerí. Se trata de un acto de control constitucional orientado a preservar la transparencia, la ética pública y la lucha contra la corrupción. La inconducta con actores extranjeros y la falta de probidad son incompatibles con la función presidencial, y por ello la medida se justifica en términos jurídicos y constitucionales, no políticos o ideológicos.
Lo que no responde JERÍ: El puerto, la cortina y el susurro imperial
Dicen que Dina Boluarte fue retirada del tablero por orden de un imperio que no necesita pasaporte para cruzar fronteras. Que el escándalo de los relojes fue apenas una marioneta danzando para distraer al público mientras, tras bambalinas, se firmaban contratos que no llevan tinta sino sangre mineral.
En el APEC de 2024, el puerto de Chancay se abrió como una flor geopolítica hacia China. Y como en todo buen thriller, el giro vino después: el 6 de noviembre, otro puerto —Matarani, en Arequipa— fue entregado por tres décadas a BlackRock, esa criatura multinacional que no duerme, solo invierte. Por allí salen los minerales del sur, y por allí también se escapa la soberanía.
La embajada estadounidense envió su felicitación. No al pueblo, ni al Congreso, sino a China. Porque en esta historia, los protagonistas no son los que aparecen en la foto, sino los que la mandan imprimir.
Jerí no fue colocado para combatir la delincuencia ni para limpiar las urnas. Fue puesto como notario de contratos ley, como escribano de entregas silenciosas. Y los medios, como en los cuentos de García Márquez, callan como si el silencio fuera parte del guion. Nadie pregunta, nadie incomoda. Todos los colores políticos se funden en una sola mafia multicolor.
Pero el pueblo, ese que camina con tambor en mano y memoria en los pies, empieza a escuchar. Porque al final, todo se sabe. Porque los puertos también hablan. Porque los contratos tienen sombra. Y porque la historia, como en las películas de Hitchcock, siempre tiene un testigo que no fue invitado pero que lo vio todo.
Este editorial no busca cerrar el caso. Lo abre. Lo deja en la mesa, como un expediente sin clasificar. Que se sumen los que aún creen que el país no es una chacra, ni un feudo, ni un decorado. Que se sumen los que saben que solo el pueblo salva al pueblo.
Oído al tambor, hermanos. La historia está en marcha. Y el suspenso apenas comienza.
UDI/JCR
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