En los estudios de radio EXITOSSA, Napoleón Becerra aparece como un personaje salido de las entrañas del pueblo, hijo de la tierra cajamarquina, con 42 años de lucha sindical que se convierten en cicatrices luminosas sobre su piel. Habla de un Perú donde los gobernantes han tejido tres décadas de corrupción como una telaraña oscura, y él propone cortar esos hilos con la espada invisible de la transparencia.
Los trabajadores y emprendedores son presentados como los verdaderos titanes que sostienen el cielo del país: los bodegueros, mototaxistas y comerciantes que despiertan antes del sol y cuentan billetes como si fueran hojas caídas de un árbol inagotable. En su visión, la inseguridad es un monstruo que devora sueños, pero puede ser derrotado convocando a 200,000 guardianes —licenciados y rondas campesinas— que se transforman en centinelas míticos, mitad hombres mitad estrellas, para proteger la vida cotidiana.
En la economía, Becerra imagina un Fondo del Emprendedor como un río de oro que fluye desde las reservas del Estado hacia las manos del pueblo, fertilizando proyectos como semillas que brotan en cada provincia. Sueña con universidades tecnológicas que se alzan como templos de conocimiento en cada región, para que ningún joven tenga que migrar buscando futuro.
Su propuesta es un arma contra la corrupción: cadena perpetua y muerte civil para los que roben al Estado, mientras los jubilados olvidados reciben justicia como si fueran ancianos sabios que merecen reposar bajo un árbol de dignidad.
Al final, Napoleón se despide con un abrazo simbólico, un gesto que se convierte en puente invisible entre los oyentes y la esperanza de un país donde los trabajadores y emprendedores son los verdaderos magos que sostienen la patria.
Añadir comentario
Comentarios