Crónica de un poder que se oculta: En Lima, las calles parecen respirar secretos. La neblina no solo cubre balcones y plazas: también envuelve las decisiones del poder. José Jerí, presidente de la República, ha sido visto en escenarios que no figuran en su agenda oficial, como si caminara en un tablero paralelo donde las reglas son dictadas por fuerzas invisibles. Los eternos dueños del poder, que hace poco manejaron a su antojo a Dina Boluarte, Vizcarra, Sagasti, etc...
El 6 de enero, en plena calle Capón, los faroles rojos se encendieron como ojos vigilantes. Allí, entre vendedores ambulantes y dragones de papel, Jerí apareció con lentes oscuros, siguiendo al empresario chino Zhihua Yang. Las cámaras de seguridad lo captaron: primero caminando tras él, luego llamando por teléfono con un gesto ofuscado, como si discutiera con un interlocutor fantasma. Ese encuentro, igual que el del chifa en la medianoche, no figura en la agenda palaciega. El 18 de enero, un dominical reveló las imágenes, confirmando que el poder se mueve en la sombra, cual Batman en ciudad caótica limeña.
El detrás de bastidores...
Lo que parece un simple encuentro adquiere otra dimensión cuando se observa el historial de Yang. Dueño o accionista de al menos 16 empresas, algunas proveedoras del Estado con contratos superiores a 6.6 millones de soles, Yang no es un restaurantero: es un operador de intereses chinos en sectores estratégicos. Su empresa Hidroeléctrica América recibió en 2023 la concesión de Pachachaca 2, con una inversión de US$ 24.4 millones. El contrato fijaba plazos claros, pero la obra permanece paralizada, como un enigma por resolver en el tiempo.
Jerí no es ajeno a esta trama. Se reunió con Yang cuando fue congresista, cuando presidió la Comisión de Presupuesto y ahora como presidente. No eran encuentros sociales ni gastronómicos: eran reuniones con un operador que articula intereses económicos y políticos.
Las conjeturas que inquietan.
¿Por qué el presidente insiste en encuentros que no registra oficialmente?
¿Qué compromisos se negocian en las sombras, mientras las obras públicas permanecen paralizadas?
¿Por qué las constructoras chinas, tras el colapso de Odebrecht, ocupan el vacío con contratos incumplidos y beneficios asimétricos?
Desde Marcona hasta Chancay, la penetración de capitales chinos ha sido constante. El patrón es claro: contratos mal negociados, conflictos sociales y captura institucional. El llamado club de las constructoras chinas opera como una cofradía invisible, respaldada por bancos estatales y diplomacia directa.
El símbolo Jerí.
El problema no es China como pueblo, sino el Estado chino que utiliza sus empresas como instrumentos de expansión. Y el problema mayor son los políticos peruanos que, como Jerí, facilitan esa penetración con silencios cómplices, reuniones y acuerdos clandestinos. Jerí no es el origen, pero sí el rostro más reciente de una cadena de autoridades que confundieron representación con servilismo. Su permanencia en el cargo resulta insostenible. Debe ser vacado, ipso facto.
No podemos permitir que:
Mientras millones de peruanos viven en pobreza y la anemia infantil persiste, el poder sigue reuniéndose en la sombra. Las cámaras captan lo que las agendas callan. Jerí no es una anécdota. No hay disculpa que valga. Jerí es un presagio. Y cada reunión clandestina es una advertencia de que el Perú no puede iniciar un nuevo ciclo sin romper el dilema de la corrupción estructural.
UNI/FUNHI
PD. Constitucionalmente lo que se puede venir es una moción de censura a nivel del Congreso de la República, lo cual lo inhabilitaría como presidente del Congreso, que más allá de la figura presidencial que ejerce, Jerí básicamente no deja de ser presidente del Congreso. De tal suerte que al ser censurado, dejaría tanto la presidencia temporal de la República como la del Congreso. Y se tendría que elegir un nuevo mandatario dentro del congreso, para lo que queda del periodo actual.
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