BALANCE ELECTORAL REFLEXIVO

Publicado el 12 de abril de 2026, 5:53

En el Perú, el tiempo no corre, sino que se enrosca como una serpiente de humo sobre los Andes. A las puertas del 12 de abril, la República parece suspendida en esa hora incierta donde los vivos y los muertos se sientan a la misma mesa para discutir el destino de una nación que, a ratos, parece una revista de chistes escrita con sangre y tinta de calamar.

El espíritu de Napoleón Becerra García sobrevoló la reunión, no como un fantasma que asusta, sino como una fragancia de unificador carismático que se niega a disiparse. Mientras en New Jersey el absentismo electoral pesa como una neblina espesa y en España el reloj marca las once de una noche que no termina de llegar, el Doctor Julio Zelaya, el Pastor Claudio Arce y Carmen Leyva tejieron una red de palabras para atrapar la realidad de un país que se desborda por las costuras.

Dice la leyenda urbana —o quizás la historia clínica— que alguna vez un candidato llamado Pedro Cordero y Velarde pretendió la presidencia desde el laberinto de su enajenación mental. Hoy, los tertulianos advierten que la locura ha mutado en una corrupción endémica, un musgo antiguo que recubre los estamentos del gobierno desde los días de la Independencia, filtrándose en las licitaciones como el agua en una casa sin techo.

En este escenario de realismo trágico, las acciones se mezclan con los milagros cotidianos. La advertencia del Pastor Arce y la claridad de Carmen resuenan como campanas de bronce en un pueblo fantasma: el voto no es un regalo, es una semilla. Instan a la juventud, esa que maneja herramientas modernas pero camina sobre infraestructuras que se deshacen, a realizar una disección quirúrgica de los currículos. No basta con mirar el rostro del líder; hay que observar las sombras que lo acompañan en las listas, los equipos que, como actores secundarios en una obra surrealista, podrían terminar dirigiendo el teatro nacional.

Mañana, la cédula de votación se desplegará como un mapa de cinco columnas hacia lo desconocido. Entre el voto cruzado y la amenaza del voto nulo, los peruanos en el exterior y los olvidados de las zonas rurales enfrentan el mismo dilema: elegir entre el pasado que no termina de morir y un futuro que aún no sabe cómo nacer.

Al final, cuando las cámaras se apagaron y los problemas técnicos silenciaron las voces, quedó una certeza flotando en el aire de Lima: para que el Perú deje de ser un "caso de estudio" en la antología del caos, hace falta más que una elección; hace falta que el votante no pierda su memoria.

Que la responsabilidad cívica sea el único milagro que nos salve de nosotros mismos.

PD. Las páginas de nuestros invitados: www.arcemedina.com y www.carmenjesusleyvasanchez.com

UDI/FUNHI/JCR

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