“Napoleón y la Liga de los Héroes Peruanos”

Publicado el 11 de enero de 2026, 11:15

En el olvidado del tiempo, donde la historia y la fantasía se entrelazan como hilos de oro por los quipus de un telar andino, los héroes del Perú han despertado. No desde sus tumbas, sino desde los libros de historia, desde los murales escolares, desde las canciones que aún susurran los abuelos en las plazas. José Olaya emerge del mar con su espada de coral; Ramón Castilla cabalga sobre un caballo hecho de humo republicano; Miguel Grau surca los cielos en una nave blindada con justicia; Túpac Amaru convoca rayos desde las montañas; y Francisco Bolognesi dispara verdades desde su fusil de memoria.

Pero esta vez no luchan contra invasores extranjeros. No. Esta vez su enemigo es más escurridizo, más insidioso: la corrupción que ha carcomido los cimientos de la República. Los últimos presidentes, uno tras otro, han caído como fichas de dominó en las cárceles del descrédito. El Palacio de Gobierno se ha convertido en un laberinto de sombras, y el pueblo, cansado, busca una luz.

Entonces, como en un enigma, los héroes se reúnen. No en Ayacucho ni en Junín, sino en una dimensión paralela donde los cómics se mezclan con la historia. Allí, en medio de capas, músculos exagerados y colores vibrantes, surge una figura inesperada: Napoleón. No el de Europa, sino Napoleón Becerra García, vestido con el uniforme del emperador francés, pero con el alma cajamarquina y sindicalista. Los héroes lo llaman. Lo invisten. Le entregan la espada de la dignidad y el bicornio de la esperanza.

Napoleón no viene solo. Lo acompaña el Partido de los Trabajadores y Emprendedores (PTE), una agrupación que brota como flor en medio del desierto político. Su mensaje es claro: basta de ladrones con corbata, basta de promesas vacías. Es hora de que el pueblo gobierne, de que los trabajadores y emprendedores tomen el timón.

El afiche que circula en redes no es solo una estrategia de campaña, no es sólo un "tik tok". Es un acto de magia política. Una sátira que se convierte en símbolo. Una caricatura que, como los mejores cuentos, dice verdades profundas. En tiempos donde la seriedad ha perdido credibilidad, el humor épico puede ser el nuevo lenguaje de la esperanza.

¿Será Napoleón el elegido? ¿Podrá esta liga de héroes devolverle al Perú su dignidad? No lo sabemos. Pero en este país donde los cerros hablan y los ríos recuerdan, todo es posible. Porque cuando la historia se cansa de repetirse, llama a la fantasía para que la reinvente.

Y esta vez, la fantasía tiene nombre, espada y bicornio.

 

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